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La Oveja Rosa


Elisa y Marcela. Una boda entre mujeres en 19012015
11
Ago

Elisa y Marcela. Una boda entre mujeres en 1901

La imagen que acompaña a este artículo parece muy triste, pero es una foto de boda. Representa el triunfo personal de Elisa y Marcela, que se casaron en 1901. Por amor. Porque querían ser libres. Porque sí. Claro que la foto no cuenta lo mal que tuvieron que pasarlo después. Ahora nos casamos cada día y no nos damos cuenta de que gracias a mujeres como estas hemos llegado a conseguirlo.

Por Alicia Rocafull


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Parece mentira que una aldea celta albergue la historia del que fue el primer matrimonio homosexual en España, más de 100 años antes de que la ley lo permitiera. Si pinchas en Google Earth y buscas el pueblo de Dumbría, población coruñesa donde en 1901 residían Elisa y Marcela, verás que todo sigue más o menos igual: un pueblo de esos de carretera, con casitas antiguas y vida tranquila, con la monotonía que dan la paz y el silencio de la vida en la aldea. Muchas veces damos por hecho que los hechos de gran trascendencia histórica acontecen en grandes núcleos urbanos, y es por eso que resulta sorprendente que una aldea celta fuera el paisaje sin incidentes para la historia de amor entre Elisa y Marcela, dos pioneras que cien años antes que la ley lo permitiera decidieron casarse para así adaptarse a la normalidad de su época.

Hace poco hicieron alusión en nuestra serie favorita de la televisión “Seis hermanas” a la historia de estas dos mujeres, como vía para dar a conocer la homosexualidad de una de sus protagonistas Celia Silva, magistralmente interpretada por Candela Serrat. La historia de Elisa y Marcela se desarrolla en una época de tiempos ingenuos, días de sospecha. Poneros en la piel de cualquiera de estas mujeres. Son los años finales del siglo XIX en la Galicia de la Restauración. Una chica llega a su casa y cuenta a su madre que tiene una nueva amiga. Habla con entusiasmo del nuevo descubrimiento, tanto que genera alarma. Marcela ha conocido a Elisa. Su vida sufre un vuelco. Ese vuelco que solo las que hemos pasado por lo mismo sabemos entender. Las dos pasan el día juntas, se hacen inseparables. Clima frío, sociedad castradora, cuando el corsé de la imposición daba poca tregua a cualquier mujer en busca de su libertad individual. Una de las vías de escape para conseguir esa libertad era estudiar para maestra, profesión que concedía independencia bajo el estigma de la soltería. De todas es conocido cuánta lesbiana hay, habrá y ha habido siempre en el gremio de la enseñanza. De esta manera nuestras chicas trabajaban y durante casi una década intentaron combinar sus respectivas combinaciones para estar cerca. El fin de semana era la liberación absoluta. Convivían y se amaban. Recorrían muchos kilómetros de separación ansiosas, anhelando el momento de reencontrarse e inventar una cotidianidad truncada por las circunstancias. Dumbría fue la clave que impulsó una nueva situación. Elisa ejercía su magisterio docente en Calo, a 11.000 metros de Marcela. Cuando la primera reposaba de sus obligaciones se instalaba en casa de la segunda y la ayudaba en las tareas del hogar. Los rumores crecieron. Hubo mucho revuelo, y hasta un apodo lleno de mala leche para la forastera enamorada. La llamaban O civil, en alusión a la benemérita, y ella presumía de llevar siempre consigo una pistola, por si las moscas, como si así mostrara su posición dominante más allá de la pareja, mujer de armas tomar hasta en la calle.

En la primavera de 1901 los acontecimientos se precipitaron. Las enamoradas discutieron y Elisa terminó la relación y se largó del pueblo con el propósito de trasladarse a La Habana. Se enteró todo el pueblo y dio mucho que hablar. Al poco tiempo apareció en escena el primo de Elisa, Mario, con el que Marcela confirmó a los vecinos que se casaría. Curiosamente este primo se parecía mucho físicamente a su pariente, incluso en la voz y los ademanes. Tanto se parecía que parecía más un gemelo que un primo…

La boda fue el 8 de junio de 1901, sábado, a primera hora de la mañana. Tan ingenuas ellas, pensaron que todo se había acabado. Que iban a poder vivir felices para siempre, sin habladurías ni desprecios.

Pero, tristemente, la jugada no salió bien. Los vecinos, mientras ellas se encontraban en pleno viaje de novias en Oporto, filtraron la noticia a la prensa, que tardó tanto como ellas tardaron en volver del viaje en decidirse a publicar tan polémica nota en sus páginas. Se dijeron grandes barbaridades. Y se aseguraron aparentes verdades absolutas, dogmas incongruentes que quizás dolieran aún más que las mentiras.

Esta fue la nota que publicó el diario La Voz el 24 de junio de 1901: “Para terminar, creemos que tanto Mario-Elisa como Marcela son dos enfermas, cuya neuropatía no castigan los códigos, pero que tienen un departamento a ocupar en el Manicomio de Conjo, en donde quizás no logren ser curadas, pero si estudiadas por el sabio Sánchez Freire, y por lo menos allí recluidas evitaremos que se propague su enfermedad, que suele ser contagiosa por el ejemplo, y que por fortuna en nuestras provincias gallegas no sólo no abunda, sino que es rarísima.”

Y así fue como, por amar a quien no debía, Marcela fue expedientada e inhabilitada para la enseñanza, el oficio que tanto amaba y que le había dado la vida todos aquellos años. También por amar a quien no debía, Elisa (Mario) fue asaltada una noche, cuando ya su historia daba que hablar a todo el país, en su propia casa, por los rapaces del pueblo que, heridos en su masculinidad al saberla viviendo en Dumbría, quisieron violarla.

A la desesperada, Elisa intentó demostrar un hermafroditismo que no era real pero que le hubiera dado un razonamiento científico al pecado que se le atribuía, para así amainar la dureza del curso de los acontecimientos. Pero fue inútil, la cosa siguió de mal en peor.

Por amar a quien no debían, Marcela y Elisa tuvieron que huir, si bien aquello tampoco arregló demasiado las cosas. Se establecieron primero en Oporto, donde fueron arrestadas y su extradición a España exigida a las autoridades lusas. Huyeron de nuevo, esta vez a Buenos Aires, con el dinero que les proporcionó la única exclusiva que vendieron en su vida (seguramente, una de las primeras de la historia del periodismo gráfico): un retrato en el que aparecían juntas, como el matrimonio que eran. Sabedores como eran los argentinos del caso por medio de las revistas, la vida en Buenos Aires no fue nada fácil y ambas fueron obligadas a separarse. Mientras en España mucha gente se forraba con su historia (se publicaron cientos de artículos, se vendieron miles de revistas, e incluso se editó una novela erótica), Elisa y Marcela se vieron obligadas a vivir su historia de amor a escondidas y a malcasarse, Elisa en este caso, con un señor mayor del que poder heredar lo más rápido posible. A pesar de todo esto, su matrimonio nunca fue anulado y aún hoy sigue siendo válido.

Hay un libro muy bonito donde cuentan esta historia y que puedes adquirir aquí. Existe también el proyecto de una película dirigida por Isabel Coixet, que de momento sigue siendo eso, un proyecto.

Aunque nunca supimos si, una vez escampó el huracán periodístico que produjo su historia, Elisa y Marcela pudieron volver a vivir juntas como pareja, anónimas y felices como aquel primer día, veinte años atrás, en el que se habían enamorado de quien no debían.

Porque eso es lo bonito del amor: que no entiende, ni entenderá jamás, de deberes, ni de géneros, ni de razas… El amor solo entiende de sentimientos.



Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.


Fotos

Acerca de Alicia Rocafull

Alicia Rocafull Alicia Rocafull es una escritora y bloguera nacida en Madrid en 1967. En 1991 ganó el segundo premio del Concurso de Relatos de Renfe y en 2013 uno de sus cuentos formó parte de una recopilación de microrelatos publicada por Diversidad Literaria. Nacida en el seno de una familia de rancio abolengo, esta oveja rosa se dedica al activismo social en temas LGTB, defensa de los animales y veganismo desde los años 90. Ha sido colaboradora en varias radios online de temática lésbica, creadora de la radio y chat de las ovejas rosas y autora de diversos blogs. Actualmente podéis seguirla en sus perfiles de Facebook y Twitter, en su canal de Youtube, y en su blog La Oveja Rosa.

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